viernes, 4 de febrero de 2011

abuelas y espasmos corporales

El día de navidad pensé en mi abuela, quizás porque estaba en su casa, quizás porque mi abuelo ahora vive en lo de su novia pero seguramente porque ya nadie habla de mi abuela.
Me dormí pensando en su inagotable ansiedad y en sus zapatos talle 41.

A mitad de la noche me despertó una sensación: sabía que me iba a agarrar un calambre.
Fueron tres segundos entre que me desperté y el calambre finalmente me retorció la pantorrilla. No pude hacer nada y volví a pensar en mi abuela.

Los calambres son como la muerte, uno sabe que indefectiblemente te van a pasar pero no podes hacer nada para cambiarlo. El gemelo endurecido me hizo morder la sábana, me daba bronca, era involuntario, asqueroso ...indeseado.

Pensé que lo único que tenemos son esos tres segundos...entre que sabemos y que nos pasa; esos tres segundos son como la vida. Depende como los vivamos y que hagamos en ese tiempo que es nuestro.

Pensé en la muerte, y en mi abuela...y en los calambres.
Al otro día nadie habló de los calambres y de mi abuela tampoco.


( Ella es mi otra abuela, que no la conocí como para saber si era ansiosa o si calzaba 41)